Tenemos una necesidad, así que le pedimos a Dios una solución. Pero a veces, estamos tan concentrados en la solución que pedimos que no vemos la respuesta que Dios ya nos ha dado.


Tenemos una necesidad, así que le pedimos a Dios una solución. Pero a veces, estamos tan concentrados en la solución que pedimos que no vemos la respuesta que Dios ya nos ha dado.

La espera puede parecer larga… tan larga que nos preguntamos si Dios nos ha olvidado. Pero cuando pensamos que es demasiado tarde para nuestro milagro, ¡Dios nos sorprende con una solución que es más milagrosa de lo que imaginamos!

Cuando suplicamos a Dios por un favor, nos imaginamos recibir nuestra respuesta bellamente envuelta, con polvo de estrellas arremolinándose y violines. Sin embargo, los milagros de Dios no siempre son muy hermosos.