A cada trabajo se adjunta una lista de tareas. Cuando una solicitud no coincide con la lista, algunas personas se encogen de hombros y se niegan a hacerlo. Una posición legítima en el lugar de trabajo, pero no en el Reino de Dios.


A cada trabajo se adjunta una lista de tareas. Cuando una solicitud no coincide con la lista, algunas personas se encogen de hombros y se niegan a hacerlo. Una posición legítima en el lugar de trabajo, pero no en el Reino de Dios.

Un vaso de agua fría en un día de mucho calor… ¡qué alivio! Un servicio pequeño y sencillo que puede marcar una gran diferencia. Esto es lo que nuestro Padre Celestial nos anima a hacer unos con otros.

“Abre los ojos de mi corazón…”, dice el himno popular de Paul Baloche. Y lo cantamos a todo pulmón. Pero, ¿hacemos de ello una oración? Podemos estar tan distraídos por lo mundano que nos olvidamos de la eternidad.

A veces nos sentimos obligados a responder a una ofensa contra nosotros infligiendo la misma ofensa a quien nos la dio. Queremos “hacerles pagar”. Esta forma de resentimiento solo siembra veneno en nuestras relaciones.

¿Cuánto nos queda de vida? ¿Cuándo será finalmente el momento de hacer lo que estamos destinados a hacer? ¿Cuánto tiempo vamos a dejar que Dios espere antes de hacer la misión que nos ha dado?