Cuando entregamos nuestra vida a Dios, nos convertimos en miembros del mismo Cuerpo. ¡Y no estamos unidos sólo los domingos por la mañana! Incluso las decisiones que tomamos durante la semana, solos en casa, tienen un impacto en el Cuerpo de Cristo.
Las tradiciones desempeñan un papel central en nuestra vida diaria y en nuestras iglesias. Incluso, en cierto modo, nos brindan seguridad. Pero cuidado: al seguirlas ciegamente, corremos el riesgo de perder el plan de Dios para nuestras vidas.








