Sabemos que lo mejor que Dios nos ha dado es su Hijo Jesús. Su sacrificio nos dio vida eterna, ¿qué más podemos pedir? La generosidad de Dios no tiene límite y nuestro Padre quiere bendecir aún más a sus hijos.


Sabemos que lo mejor que Dios nos ha dado es su Hijo Jesús. Su sacrificio nos dio vida eterna, ¿qué más podemos pedir? La generosidad de Dios no tiene límite y nuestro Padre quiere bendecir aún más a sus hijos.

Normalmente, cuando citamos un versículo del Génesis en una conferencia para solteros, es Génesis 2:18, porque habla del matrimonio. Sin embargo, antes del matrimonio viene una parte aún más importante de nuestra esencia: fuimos creados a imagen de Dios.

Dios es un Padre bueno que generosamente nos da todo lo que necesitamos. Puesto que somos sus hijos, también debemos ser generosos como nuestro Padre, pero nuestra carne egoísta no está dispuesta. Entonces, ¿cómo se desarrolla esta habilidad?

Al leer el primer capítulo de Romanos, entendemos que nuestra salvación eterna, pero también nuestro bienestar diario, simplemente se reduce a “a quién” elegimos reverenciar y a quién damos nuestra gratitud.

Como cristianos, a menudo imaginamos que la llenura del Espíritu Santo es una experiencia emocional. Puede que sea emocional o no. Pero debemos pedirle a Dios que nos llene regularmente con Su Espíritu Santo.