Rara vez pensamos en nuestra muerte, ¡hacemos todo lo posible para evitarla! Pero a veces es bueno detenerse y examinar la dirección de nuestra vida. Si muriera ahora, ¿estaríamos satisfechos con lo que dejamos atrás?


Rara vez pensamos en nuestra muerte, ¡hacemos todo lo posible para evitarla! Pero a veces es bueno detenerse y examinar la dirección de nuestra vida. Si muriera ahora, ¿estaríamos satisfechos con lo que dejamos atrás?

Cuando respondemos con confianza que todo está bien con nosotros, generalmente significa que tenemos todo lo que queremos, que nuestros planes se están haciendo realidad. Pero, ¿tiene Dios la misma definición de bienestar?

Este desafío al que nos enfrentamos se apodera de nuestros pensamientos. Tanto es así que puede impedirnos dormir o encontrar las soluciones adecuadas. La preocupación nos asfixia: ¡tenemos que deshacernos de ella!

Nuestros pastores se ven fuertes, son guapos, están llenos del Espíritu de Dios y… están casados. Con nuestros fracasos en el amor, los solteros podemos sentirnos menos calificados para servir a Dios. ¡Pero eso no es lo que Dios dice!

Un vaso de agua fría en un día de mucho calor… ¡qué alivio! Un servicio pequeño y sencillo que puede marcar una gran diferencia. Esto es lo que nuestro Padre Celestial nos anima a hacer unos con otros.