Jesús murió en la cruz, fue sepultado, pero no se quedó allí. Celebramos la Pascua para recordarnos que Jesús resucitó, que está vivo y que nosotros también podemos vivir en su resurrección.


Jesús murió en la cruz, fue sepultado, pero no se quedó allí. Celebramos la Pascua para recordarnos que Jesús resucitó, que está vivo y que nosotros también podemos vivir en su resurrección.

Nos encanta hablar mucho sobre el amor, la paz y el favor de Dios. ¡Y todo esto es cierto! ¡Pero no debemos olvidar que también somos soldados en una misión para destruir las obras del diablo!

Varias veces en su ministerio, Jesús les dijo a sus discípulos que estuvieran listos para el fin, para no perder la llegada de la gloria de Dios. Cientos de años después, ese mensaje aún se aplica. Y nosotros, ¿estamos preparados?

Cuando entregamos nuestra vida a Dios, nos convertimos en miembros del mismo Cuerpo. ¡Y no estamos unidos sólo los domingos por la mañana! Incluso las decisiones que tomamos durante la semana, solos en casa, tienen un impacto en el Cuerpo de Cristo.

¿Estamos listos para dar la espalda al pecado y seguir a Jesús? Él nos dará la fuerza para hacer lo que nos ha llamado a hacer.