Cuando tomamos la decisión de seguir a Jesús, también abandonamos ciertos hábitos destructivos. Pero, ¿y si nuestros viejos amigos vuelven a visitarnos? ¿Cómo mantener el rumbo?


Cuando tomamos la decisión de seguir a Jesús, también abandonamos ciertos hábitos destructivos. Pero, ¿y si nuestros viejos amigos vuelven a visitarnos? ¿Cómo mantener el rumbo?

Todos conocemos a una persona cuyo interminable fluir de palabras acaba por marearnos. Mantener una conversación es un arte y es bueno aprender a cerrar los labios de vez en cuando. Sobre todo cuando estamos solteros y buscamos pareja.

Podemos perdernos fácilmente en debates teológicos y cuestiones doctrinales muy puntuales. Ampliar nuestro conocimiento de la Biblia es una gran práctica, pero a veces es bueno volver a lo básico: amar a Dios.

Nos distraemos tan fácilmente. Tenemos un proyecto por terminar, pero nos perdemos en los videos cortos que nos ofrecen nuestras redes sociales. No es de extrañar entonces que también perdamos de vista el Reino de Dios que nos rodea.

La vida puede pasar tan rápido que a veces olvidamos quiénes somos en realidad. Tomamos todo tipo de títulos que creemos que son importantes. Sin embargo, es nuestra identidad en Cristo la que silencia nuestras preocupaciones.