Estar soltero y sin hijos a veces puede generar temor sobre el futuro. Afortunadamente, Isaías 54:1 ofrece una esperanza maravillosa: al invertir en el discipulado, también heredas los beneficios de tener una familia en Cristo.
Uno de los versículos de Isaías nos inspira con un mensaje verdaderamente alentador para los cristianos solteros: “Así ha dicho el Señor: ¡Regocíjate, mujer estéril, tú que no dabas a luz! ¡Eleva tu canto y da voces de júbilo, tú que nunca estuviste de parto! ¡Más hijos tendrá la desamparada que la casada!” (Isaías 54:1 RVC). En este libro, cuando se menciona a la mujer “desamparada”, se trata de una imagen del pueblo de Israel que había sido temporalmente abandonado por Dios, dejado a merced de sus enemigos, por haber desobedecido repetidamente sus mandamientos. Después del exilio, Dios prometió traer de vuelta a su pueblo, restaurarlo y asegurar su futuro.
Durante este exilio, muchas familias fueron diezmadas, y parecía que no habría suficientes descendientes para reconstruir la estirpe de los elegidos. Pero lo fascinante de este libro es la idea de Dios de convertir a pueblos paganos en sus hijos adoptivos. Cuando un judío fue exiliado entre un pueblo pagano, Dios lo hizo prosperar, lo cuidó, y esto dejó huella en quienes lo rodeaban. Muchos paganos se convirtieron entonces y reconocieron a Dios como su Padre celestial. Así, cuando Dios dice que la mujer abandonada tendrá nuevos hijos, no se refiere a hijos biológicos. Los hijos biológicos son los hijos de la mujer casada. Los hijos de la mujer abandonada son, por lo tanto, más bien discípulos.
Esta interpretación es muy alentadora para los cristianos solteros. Incluso si no tenemos hijos biológicos, ya sea porque somos solteros y ya hemos pasado la edad de tenerlos, o porque nuestros hijos nos han rechazado de alguna manera, no estamos abandonados a nuestra suerte. Aún podemos tener una familia a la que cuidaremos y que nos cuidará en nuestra vejez: nuestra familia en Cristo.
Nuestro deseo de cuidar a los demás se cumple sin duda a través de la maternidad o la paternidad, pero no solo de esta manera. Hacer discípulos es otra forma de practicar la maternidad o la paternidad. Estar disponibles las 24 horas del día, los 7 días de la semana, para orar y animar a un nuevo creyente en su fe; invertir dinero en comprarle libros y música, e inscribirlo en congresos; invitarlo a cenar para enseñarle los fundamentos de la vida cristiana; corregirlo cuando se desvía del camino; preocuparnos e interceder con lágrimas por él cuando se aparta de Dios… todo esto es exactamente el mismo tipo de acción relacionada con la maternidad. Pablo usaba a menudo el término “hijos” al hablar de los discípulos de Cristo que estaba formando. Incluso dijo en Gálatas 4:19: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en ustedes” (RVC). Formar a Cristo en un discípulo es otra forma de experimentar la maternidad y la paternidad.
Los padres siempre han invertido en sus hijos con la esperanza de que, a su vez, los cuiden cuando sean mayores. Esta situación puede generar ansiedad en las personas solteras que no tienen hijos biológicos. Sin embargo, invertir en el discipulado también puede asegurar nuestro futuro, de alguna manera. Al servir a los demás en nuestra iglesia (o incluso en una organización comunitaria), no solo agradamos a Dios, sino que también nos damos a conocer. Al dedicar nuestro tiempo a ciertas personas de nuestra iglesia, estas personas también nos tendrán presentes cuando las necesitemos. No debemos esperar a que alguien nos pida ayuda: tomemos la iniciativa y estemos presentes en la vida de los demás mediante llamadas telefónicas o aceptando siempre sus invitaciones. Por supuesto, no hacemos discípulos de Cristo para ser notados; lo hacemos para expandir el Reino de Dios. Tampoco depositamos nuestra confianza en estas personas, porque solo Dios merece nuestra confianza. Pero la ley de sembrar y cosechar sigue vigente, y nos beneficiamos al ayudar a quienes nos rodean.
¿No es esto un gran estímulo para las personas solteras? Incluso si no tienes hijos, no estarás solo en tu vejez si comienzas a hacer discípulos hoy mismo. ¡El plan de Dios es perfecto!

