Más allá del ejercicio y la alimentación, el verdadero bienestar requiere paz mental. ¿Y si el secreto estuviera en la acción y el servicio? Esto es lo que el estilo de vida de Jesús nos enseña para liberar nuestra mente.
Hace algunas décadas, cuando los expertos nos hablaban de un plan de bienestar, todo se centraba en la dieta y el ejercicio: comer más de esto y menos de aquello, y hacer más ejercicio. Pero en los últimos años, el bienestar también incluye reducir el estrés y, al mismo tiempo, dormir bien. Comer bien y hacer ejercicio no son suficientes si no tenemos paz mental. Y el mundo ofrece todo tipo de maneras de encontrar descanso, con distintos grados de eficacia.
Sin embargo, cuidar nuestra mente no es un concepto moderno. La Biblia habla extensamente de ello. “Pues él solo piensa en los gastos…”, dice Proverbios 23:7 NVI. O, como solemos oír: “Como piensa el hombre, así es él”. Incluso Jesús lo señaló: “…porque de lo que abunda en el corazón habla la boca” (Lucas 6:45 NVI). Todo comienza en el corazón, en nuestros pensamientos. De ahí la importancia de poner a Dios en el centro de nuestras vidas y dejar que el Espíritu Santo guíe nuestros pensamientos. “Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio” (Filipenses 4:8 NVI).
Pero es muy difícil dejar de pensar en algo negativo, especialmente cuando se trata de tentaciones carnales. La mejor manera de desviar nuestra atención es elegir pensar en otra cosa. Por supuesto, meditar en la Palabra de Dios nos ayuda a mantenernos en el camino correcto, y la alabanza puede llevarnos de vuelta a lo esencial. Pero Jesús sugiere otro método. En Marcos 13, Jesús pinta un panorama desafiante de los últimos tiempos. En el versículo 36, Jesús dice que no debemos “dejaros dormidos”. La palabra “dormidos” en griego original es katheudo, que significa, entre otras cosas, “ceder al pecado”. En el versículo siguiente, Jesús dice que debemos “estar vigilantes”. Esta palabra es la traducción griega de gregoreuo, que significa, entre otras cosas, “estar activos”.
Lo que entendemos aquí es que para resistir las tentaciones que surgen en nuestros pensamientos y, al mismo tiempo, evitar caer en el pecado, debemos permanecer activos en la fe. Las tentaciones estarán mucho menos presentes si estamos ocupados sirviendo. El éxito de nuestros pensamientos no solo proviene de nuestros momentos de reflexión, sino también de nuestras acciones. Si te resulta difícil la soltería estos días, involúcrate en algún servicio de tu iglesia. Ninguna iglesia es perfecta, ni ningún ministerio. Servir en una iglesia no siempre será fácil. Encontrarás personas que te critiquen, que te desaprueben; puede que no te gusten las autoridades o la estructura, pero si consideras esta iglesia como tuya, sírvela lo mejor que puedas. Servir a personas imperfectas (¡y a veces incluso ingratas!) también es una buena práctica si aspiras a casarte algún día.
Cuando elegimos adoptar el estilo de vida de Jesús, no solo nos ayuda a resistir las tentaciones, sino que también nos ayuda a encontrar paz interior. Puede parecer contradictorio encontrar descanso trabajando más, pero eso es precisamente lo que entendemos en Mateo 11:28-30. Encontramos verdadero descanso mental cuando tomamos el yugo de Cristo sobre nosotros, es decir, cuando adoptamos su estilo de vida. Cuando nuestra principal preocupación es alcanzar nuestros sueños y tener éxito en nuestros proyectos, nuestros pensamientos se llenan de listas de tareas pendientes y maneras de resolver nuestros problemas. ¡Es agotador! Pero si elegimos priorizar el crecimiento del Reino de Dios, nuestras preocupaciones diarias ya no serán tan abrumadoras. Incluso veremos cómo la mano de Dios atiende nuestras necesidades mientras le servimos (Mateo 6:33).
¿Quieres cuidar tu salud mental? Es sencillo: solo tienes que adoptar el estilo de vida de Jesús cultivando una buena relación con tu Padre Celestial y trabajando para expandir el Reino de Dios.

